
Había una vez un jardín, un jardín enorme, con una hierba muy verde, y pequeños riachuelos que le surcaban. En el centro de este jardín había un lago, y en este jardín se reunían todas las virtudes y defectos después de sus correrías por la tierra. Un día estaban todas allí sentadas y muy aburridas, entonces la locura dijo: - ¿por qué no jugamos a algo?. Todos estuvieron de acuerdo en que les apetecía jugar, bueno... todos, menos la discordia, que se alejó refunfuñando.
Podríamos jugar al escondite propuso la imaginación.
La intriga levanto la ceja y la curiosidad, sin poder contenerse pregunto: “¿A las escondidas? ?Como es eso?” “Es un juego” -explicó la locura- “en que yo me tapo los ojos y comienzo a contar desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden, y cuando yo haya terminado de contar, al primero que encuentre ocupará mi lugar”.
el entusiasmo bailó secundado por la euforia, la alegría dio tantos saltos que termino por convencer a la duda.
Pero no todos quisieron participar: la verdad prefirió no esconderse, pues al final siempre la hallaban, la soberbia opinó que era un juego tonto (en el fondo, lo que le molestaba era que la idea no hubiese sido de ella) y la cobardía prefirió mejor no arriesgarse.
-¡Vale, vale! Dijo la locura, yo cuento, y comenzó a contar como solo la locura sabe hacerlo 1,2, perro, 9, chocolate, la la la, 12, .... Mientras todos sus amigos iban a esconderse. La mentira dijo me voy a esconder debajo de estas piedras, y por supuesto era mentira, y se escondió en un arco iris.
La fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo, que con su propio esfuerzo había logrado subir a la copa del árbol más alto. la generosidad casi no alcanzaba a esconderse, pues cada sitio que encontraba le parecía ideal para sus amigos: que si un lago cristalino ideal para la belleza; que si la hendija de un árbol perfecto para la timidez; que si el vuelo de una mariposa, lo mejor para la voluptuosidad; que si una ráfaga de viento, magnífico para la libertad. Así terminó por ocultarse en un rayito de sol.
El egoísmo en cambio encontró un lugar ventilado, cómodo…pero sólo para él. La paz se escondió detrás de un olivo, la cólera se camufló en la cola de un escorpión. La fidelidad vio como detrás de ella iban los celos, por miedo a que alguien tocase a su compañero, la pasión y el deseo en el centro de los volcanes. La ligereza se escondió en unas cañas de bambú, mientras que la fuerza lo hacía en un roble.
A la indecisión ningún lugar le parecía apropiado y por fin sólo quedaba el amor.- ¿y donde me escondo yo?, ¿dónde me escondo? decía, y al final se escondió dentro del tallo de una rosa.
La locura seguía contando: -14, jamón, 2000... ¡ya voy!. Y empezó a buscar a a sus amigos y amigas. se dio la vuelta y tropezó con la pereza, que se había quedado al lado del árbol, por no moverse. Después se escuchó a la fe discutiendo con Dios, la pasión y el deseo los sintió en el vibrar desde lo más hondo, luego encontró a la violencia que había señalado su paso con un rastro de hierba quemada. En un descuido, encontró a la envidia, y claro, puedo deducir dónde estaba el triunfo.
El egoísmo no tuvo ni que buscarlo, el solito salió disparado de su escondite, que había resultado un nido de avispas.De tanto caminar sintió sed y al acercarse al lago descubrió a la belleza, y con la duda resulto aún más fácil, pues la encontró sobre una cerca sin decidir aún de que lado esconderse.
Una a una fueron cayendo todas las virtudes y los defectos. Por fin solo quedaba el amor, pero nadie podía encontrarle, y cuando la locura daba por perdido el juego, vio como la traición se le acercaba por detrás y le dijo: -el amor está escondido en ese tallo de rosas. Entonces la locura se puso muy contenta y con un cuchillo que le dio la crueldad, empezó a apuñalar el suave tronco, -sé que estas ahí, decía. El amor salió gritando de dolor, las heridas cubrían su cara y una fina capa de sangre le envolvía de la cabeza a los pies. Por fin la caridad pudo curarle todo, todo menos los ojos. Entonces la locura sintió pena y dijo no te preocupes, amigo amor, a partir de hoy yo seré tu lazarillo, cógete de mi mano, y yo te diré en que corazones has de posar tus suaves besos. Y desde ese día, desde ese día especialmente cálido, se dice que el amor es ciego y va siempre acompañado de la locura.
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